Sujarchuk repudió el golpe de Estado en Bolivia

A pocas horas del quiebre institucional en Bolivia, que terminó con la renuncia de su presidente, Evo Morales, diversas fuerzas políticas en nuestro país, entre ellos el PJ, no dudaron en calificarlo como un “golpe de Estado”.

En sintonía a ello, el Consejo del partido Justicialista en Escobar, encabezado por el intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, se expresó en las redes sociales para repudiar la grave crisis institucional que se está viviendo en el país vecino, mientras que el gobierno nacional sostiene que “no están los elementos para definir esto como un golpe de Estado”.

En el comunicado difundido anoche por el Consejo del partido Justicialista de Escobar se pone énfasis en que “el Presidente legítimo elegido por su Pueblo (Evo Morales) fue obligado a renunciar junto a su Vicepresidente Álvaro García Linera”, y reclama en el mismo documento “el cese de la violencia y ataques revanchistas sobre dirigentes políticos y militantes populares, y que se garantice la integridad física de los integrantes del gobierno ilegalmente destituido y de sus familias”.

En la publicación titulada “Sobre el golpe de Estado en Bolivia”, Ariel Sujarchuk hace un llamamiento a todo el arco político local a que “se exprese de igual forma en defensa del sistema democrático claramente ultrajado en Bolivia y de donde tantos inmigrantes han llegado a nuestro distrito e integrado a nuestra comunidad”.

Finalmente, el presidente del Consejo del PJ local expresó: “Rogamos por la vida de todos los hermanos y hermanas de Bolivia. Nos sumamos al pedido del Partido Justicialista Nacional para que sea restablecido de inmediato el Estado de Derecho y el orden Constitucional”.

El historial de la crisis institucional en Bolivia

La renuncia de Evo Morales es solo un fotograma de una película que se inició hace tres años cuando el presidente de la República Plurinacional de Bolivia sometió a referendum constitucional su intención de postularse a la reelección como presidente para obtener su cuarto mandato consecutivo en el cargo.

En esa oportunidad el “NO” ganó por el 51%, mientras que el “SI” obtuvo el 49% de los votos, en una votación que tuvo un 85% de participación de la ciudadanía.

Sin embargo, Morales forzó al Tribunal Supremo Electoral del país vecino a la habilitación para participar en los próximos comicios con el objetivo de ir por su cuarto mandato como presidente, alegando que vulneraba el derecho humano esencial de todo persona de elegir y ser electa.

En esas condiciones, el 20 de octubre se desarrollaron las elecciones generales en las que Morales se enfrentó a otros ocho candidatos. Esa noche, el escrutinio provisorio, con el 83% de las actas verificadas, le otorgaba una ventaja de poco más de 7 puntos (45,28% a 38,16%) sobre Carlos Mesa, lo que habilitaba el balotaje, un escenario que ponía en riesgo a las aspiraciones del mandatario que gobierna Bolivia desde 2006.

Pero sorpresivamente el escrutinio se detuvo, durante casi 24 horas no hubo más datos oficiales. Cuando se volvieron a computar las mesas faltantes, la ventaja de Morales se había ampliado, lo que generó sospechas de fraude electoral en diferentes regiones del país del altiplano.

Frente a ese escenario, la OEA recomendó que, ante las irregularidades detectadas, lo mejor era convocar a la segunda vuelta. Pero pese la esa recomendación, cinco días más tarde, el TSE anunció que el conteo definitivo le otorgaba a Evo Morales una ventaja de 10,57% sobre Mesa, justo por encima del umbral de 10 puntos para triunfar en primera vuelta y evitar el balotaje, lo que agravó la crisis con la oposición en las calles clamando fraude electora.

Lejos de escuchar las protestas, Morales se proclamó reelecto, a pesar de las evidencias del fraude iban apareciendo por todos lados, y denunció que se había puesto en marcha un golpe de Estado.

En medio de la crisis, el gobierno avaló que la OEA realizara una auditoría y anunció que aceptaría sus conclusiones, pero Morales siguió denunciando golpismo y alentó a sus partidarios a que salieran a las calles a contrarrestar las protestas y defender su re-re-reelección. Los choques violentos se sucedieron cada día.

Así las cosas, los sectores más duros ya no pedían el balotaje. Por un lado Luis Fernando Camacho ahora reclamaban la renuncia del Presidente, y por el otro Mesa exigía que se celebre una nueva votación.

En esas circunstancias, la violencia fue escalando con fuertes enfrentamientos en en Cochabamba y bloqueos en otras partes del país que dejaron como saldo varios muertos, y tres unidades policiales se amotinaban en Cochabamba, Sucre y Santa Cruz, mientras que Morales volvía a denunciar un golpe de Estado “en curso”.

La última puntada final a esta crisis insttucional la dio el contundente informe de la OEA que determinó que las elecciones generales estaban viciadas de nulidad por las irregularidades que se detectaron.

En las conclusiones de los observadores de la Organización de Estados Americanos se habla de “falsificación de firmas y actas”, de un “proceso reñido con las buenas prácticas”, de “manipulación del sistema informático de tal magnitud que deben ser investigadas profundamente por el Estado”. Tal es el “cúmulo de irregularidades” que el equipo auditor “no puede validar los resultados de la presente elección” y recomienda otro proceso electoral con nuevas autoridades electorales.

Horas después, Morales intentó un volantazo a medias. Aceptaba finalmente llevar a cabo nuevos comicios, con un nuevo Tribunal Electoral. “He renunciado al triunfo que he ganado”, anunció sin conceder que ese “triunfo” estaba a esa altura cargado de irregularidades comprobadas. “Toca ir a las nuevas elecciones”, aceptó a regañadientes, pero la calle no se calmó.

Comenzaron las renuncias de funcionarios de su confianza uno tras otro. Siguieron los levantamientos policiales y finalmente las fuerzas armadas sugirieron su dimisión, una versión moderna de interrupción a un proceso democrático para eludir la calificación de golpe de Estado que forzó la renuncia del Presidente minutos más tarde, tras catorce años en el poder.

Fuente: Escobar News